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  • Foto del escritor: Carlos Hernández Franco
    Carlos Hernández Franco
  • 17 may 2020
  • 2 min de lectura

Durante el invierno de 1941 a 1942, el signo de la Segunda Guerra Mundial cambió. La aplastante ofensiva alemana se había detenido por agotamiento en tan sorprendente avance y un esfuerzo enorme de defensa desesperada de las tropas soviéticas en ciertos puntos estratégicos. El llamado “General Invierno” como se le denomina al invierno ruso, hizo estragos en la poco preparada Wehrmacht para este clima. La ropa escasa y el armamento que no funcionaba con las condiciones de las bajas temperaturas, empezaron a pasar factura a las tropas germanas. Cuando el Ejército Alemán comenzó la retirada, primero cediendo más de 200 kilómetros desde Moscú y luego el desastre de Stalingrado, cuando el pánico empezó a atenazar al alto mando alemán, surge la figura, de nuevo, del que muchos consideran el mejor general de la Segunda Guerra Mundial, Erich Von Manstein. Este militar, que allí donde todo el mundo veía una grave crisis y una situación de riesgo, Manstein sabía ver una oportunidad adelantándose a las intenciones del enemigo. Logró convencer a Hitler para que diera la orden de trasladar todas las fuerzas que se hallaban expuestas en el flanco sur más oriental y arrastrarlas hacia el frente de Kharkov, en el oeste. Es decir, la base de la defensa móvil con inteligencia, cambió terreno por concentración de fuerzas, ya que al retirarse de la gran curva del Don acortó el frente que debían cubrir sus tropas y acercó las fuentes logísticas y pudo por fin desplegar fuerzas importantes en puntos clave.


Fue en el extremo noroccidental de las tropas del río ucraniano de Miús donde se libraron las luchas más intensas pero los alemanes lograron resistir las embestidas. Mientras la infantería sostenía el frente, las unidades blindadas avanzaron por detrás de la misma, se dirigieron hacia el norte y cortaron la logística y las comunicaciones de las tropas soviéticas con su retaguardia. Al norte de la brecha Von Manstein cedió la ciudad de Jarkov lo que le permitió enviar blindados a cortar la logística de las tropas que avanzaban hacia el Dniéper. Este movimiento magistral hizo que fueran los atacantes los que quedaron cercados. Esta forma de combate se logró gracias al rendimiento de las tropas que combatieron y al saber hacer de sus mandos, que hicieron un uso brillante de las divisiones blindadas para tapar brechas, distribuyendo las unidades de combate, dando siempre la impresión de disponer de más fuerzas de las que realmente disponían.



 
 
 

Sabemos bien que esta crisis sanitaria, sin duda el mayor desafío desde la Segunda Guerra Mundial, ha llegado en tiempos tenebrosos para la Unión Europea, donde las infidelidades británicas con su otrora colonia, Estados Unidos, ha propiciado el portazo sonoro de un “Brexit” que sacudió los cimientos de la esperanza europea. Además, el sarcoma instalado por los regionalismos y nacionalismos excluyentes, ponen de manifiesto que encaramos la pandemia desde una posición desfavorable.Mi naturaleza optimista, en muchas cuestiones, me permiten asomarme modestamente al balcón con la esperanza de que alguien me escuche apelar a una unión europea y por ende a la conciencia de las personas que la integramos sabiendo que, juntos, podremos enfrentar la crisis con muchas más garantías que separados.Hemos visto cómo inicialmente Alemania y Holanda, pusieron sobre la mesa resolver la crisis actual como la que se sufrió en 2008, pero en este extremo Francia se posicionó con Italia y España alegando que aquella recesión fue por motivos financieros y la actual tiene una naturaleza radicalmente distinta. No olvidemos que Alemania desempeña un protagonismo especial en la integración europea y España es un socio clave, que desde hace unos años dejó de ser un país de arrastre a subir a posiciones de tracción económica. Ambos países hemos construido una estrecha relación, asentada en unos mismos valores y en una visión compartida sobre los retos del presente y nos hemos apoyado en todo momento. Las posiciones de ambos gobiernos sobre una amplia gama de cuestiones internas europeas e internacionales son muy cercanas. Pero es que además, Alemania es nuestro segundo cliente y nuestro principal proveedor favoreciendo relaciones económicas intensas que no han dejado de crecer en los últimos años. Alemania es nuestro segundo cliente y nuestro principal proveedor. Sin lugar a dudas, la inversión alemana en España ha contribuido al fuerte desarrollo español. Nos podemos considerar socios de honor.Por desgracia Europa está asistiendo sin oponer resistencia a una situación perjudicial que, de forma acelerada, quiere destruir todo lo conseguido en estos más de dos mil años transcurridos en los que ha durado, más o menos, el encuentro y entendimiento entre los distintos países que integran actualmente nuestra unión.Lógicamente no podemos negar las innumerables guerras y conflictos habidos durante este largo periodo de tiempo que nos han desangrado. Pero, a pesar de ellos y los inmensos destrozos así como pérdidas de vidas, estamos en condiciones de poder afirmar que siempre se han respetado unos principios y valores que han sido lo que podríamos llamar los pilares de la civilización occidental como son el honor, el respeto a los demás, la tolerancia, el esfuerzo, el sacrificio... que han sido consideradas virtudes supremas que no se podían destruir. Hoy día son la diana contra la que todos disparan a fin de que nuestra sociedad se desintegre, a poder ser, lo más pronto posible.

Si en tiempos de destrucción del Imperio romano, los pueblos que amenazaban eran foráneos, hoy día, además se encuentran también a nuestro lado, viviendo junto a nosotros, compartiendo nuestras mismas actividades y trabajos.Desde las piedras valiosísimas que han aportado los valores cristianos, que no podemos obviar, que dieciocho siglos antes de la Revolución Francesa, los había enunciado Jesucristo dejando a la Humanidad el mejor legado de comprensión, tolerancia, amor hacia los demás y búsqueda de valores virtuosos como la caridad. Pero también, como todo el pensamiento filosófico clásico de sabiduría, que implica el reconocimiento del valor supremo de la razón y la del ser humano. Sobre esta base humanística, construimos un sueño europeo que ha logrado cosas imposibles. Unir territorios, religiones y lo más importante, personas entorno a un proyecto y futuro común.Vencer a esta pandemia será fácil y posible desde este punto de vista. Derogar las antiguas prácticas de algunas élites europeas que sumieron sus instituciones en una macro-burocracia impersonal al servicio de los intereses de unos pocos. Una nebulosa que aparece a ojos de los ciudadanos como una nueva “aristocracia” y donde los populismos inoculan su veneno.


Dr. Carlos Hernández Franco.

Doctorado en Criminología, Geoestrategia Defensa y Seguridad

Licenciado en Historia y Filosofía.

Académico AICTEH

 
 
 
  • Foto del escritor: Carlos Hernández Franco
    Carlos Hernández Franco
  • 18 abr 2020
  • 2 min de lectura

La Operación Balmis, es el nombre que el Ministerio de Defensa de España ha dado al dispositivo de despliegue táctico militar para colaborar en la lucha contra la propagación de la Covid-19. La operación Zendal, es el nombre que el Ministerio de Defensa de España ha dado al dispositivo de recogida de muestras de test masivos de población para el control de la propagación de la mencionada enfermedad.Estas denominaciones, rinden homenaje a una de esas aventuras tan olvidadas de nuestra historia que fue la expedición humanitaria que lideró el médico militar Francisco Javier Balmis con el fin de llevar la vacuna de la viruela a los territorios del imperio español en América y Filipinas (1803-1806). El objetivo de la misma era acabar con la mortalidad infantil que ese virus estaba causando en lo que se denominaban territorios de ultramar.Teniendo su origen en el puerto de La Coruña, la denominada Real Expedición Filantrópica de Balmis inmunizando a la población de Canarias, América, Filipinas, Macao, Cantón y la isla Santa Elena. Su aventura, junto al militar catalán José Salvany, resultó ser una de las mayores proezas humanitarias de todos los tiempos. Pero no hemos de olvidar a la otra protagonista de la expedición que fue la coruñesa Isabel Zendal, enfermera que cuidó de 22 niños que fueron reclutados de la Casa de los Expósitos de La Coruña, para los fines científicos de la expedición. Al ser Balmis el médico de la Corte, pudo disfrutar del apoyo financiero y personal del Rey Carlos IV. Se calcula que la expedición vacunó a 250.000 niños. Una de las campañas más curiosas fue la que, de vuelta a España, realizó en la isla de Santa Elena, ampliamente conocida debido a que sirvió de prisión militar al exiliado emperador Napoleón I de Francia, donde Balmis logró convencer a la autoridad británica para que se autorizara la vacunación de sus gentes.Posteriormente a la hazaña, incluso el descubridor de la vacuna de la viruela, el británico Edward Jenner, se referiría a la expedición: “No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este”. Es otra de esas ocasiones como tantas de nuestra historia, en que podemos estar orgullosos de ser españoles.



 
 
 
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